Tablón de anuncios

sábado, 6 de abril de 2013

LA ESCRIBANA DEL REINO


Rama de romero. Fotografía Ana



- La mata de romero –

Era una tarde lluviosa y fría, de las tantas que hemos tenido últimamente, cuando salí a dar un paseo para despejar el cansancio mental y físico. Una de esas tardes en que sólo apetece quedarse en el sofá sin hacer nada (si se puede).

No era una tarde especialmente agradable para pasear y mi mente se iba ensombreciendo por momentos, contagiada por la tristeza de tanto tono gris.

Empeñada en encontrar encanto en ese panorama iba apreciando el camino, las piedras, la huella de mis pisadas en el barro, el sonido de la lluvia… cuando, a un lado del sendero, descubrí una mata de romero. Me detuve a observarla, aspiré la agradable fragancia que desprendía, acaricié sus mojadas ramas y me conmoví.

Allí, a la intemperie, balanceada por el viento y bañada por la lluvia, la mata ofrecía sus tempranas flores y el inconfundible olor de sus ramas a quien se parara a contemplarla. A una orilla del camino, para no molestar, pero lo suficientemente cerca para acompañar y alegrar la marcha del caminante.

Mientras la contemplaba me vinieron a la mente esas personas que, como ella, están a un lado de nuestro caminar en la vida, impertérritas a las inclemencias, ayudándonos, dando lo mejor de sí mismas (olor y flores) para facilitarnos las cosas, para no sentirnos solos. Personas a las que, a veces, ni siquiera vemos en nuestro andar concentrado. Personas a las que debemos un millón de gracias.

En esa tarde de lluvia la sencilla mata de romero me aportó calor interior. El calor que deriva del profundo sentimiento de agradecimiento que experimenté.

Después de contemplarla, la tarde ya no me pareció tan gris y el paseo ya no fue un paseo en balde.

M.E.Valbuena

No hay comentarios :

Publicar un comentario