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lunes, 16 de diciembre de 2013

LA BUSQUEDA DE SENTIDO A LAS COSAS QUE NOS SUCEDEN


Generalmente tendemos a buscar un motivo para explicar las cosas que nos suceden, necesitamos explicaciones que nos resulten válidas para entender y colocar todas las piezas del puzle que nos permitan mantener la situación bajo control y nos resistimos a aceptar la idea de que puede que no haya un motivo y que en el universo de los hechos, las cosas simplemente suceden.


Algunas personas no pueden resignarse a esta idea y buscan conexiones tratando desesperadamente de encontrar sentido a todo lo que ocurre. Se convencen a sí mismos de que Dios es cruel, que la gente es mala o de que los errores que han cometido son tan grandes que merecen ser castigados por ellos, antes que aceptar que todos estamos en el bombo de la vida y, de forma indiscriminada, somos suceptibles de vivir acontecimientos traúmáticos y dolorosos.

¿Como poder dotar de sentido y dar una explicación al hecho de que una persona perturbada salga a la calle, pistola en mano y comience a disparar aleatoriamente?. ¿Por qué muere una persona interceptada por esa bala, mientras que otra, por haberse despertado tarde, sale a la calle cinco minutos después de su hora habitual, salvando así su vida?.

Ocurren accidentes automovilísticos cada día, muchos de ellos bastante graves, sin embargo no para todos los ocupantes de los vehículos siniestrados el resultado es el mismo. Aunque sea el mismo accidente, unos mueren mientras que otros salen indemnes o con heridas leves.

Podemos decir entonces que pasan cosas que, de la misma manera, podían haber sido diferentes.  Por ello, simplemente, tendremos que aprender a vivir con esas situaciones sabiendo que el accidente, terremoto, asesinato , robo, etc., no son la voluntad de Dios ni la maldad ni el castigo por los errores que hayamos podido cometer sino que representan el aspecto de la realidad que se mantiene independiente de la voluntad y ajeno a nuestros actos.

Cuando alguien cercano y querido muere, lo primero que aparece en nuestra mente es la pregunta ¿Porqué, con lo bueno que era?, incluso nosotros mismos sufrimos un accidente o somos diagnosticados de una enfermedad grave y con frecuencia pensamos ¿Por qué a mí?


 Yo me pregunto,
¿Por qué a mí no?

Las leyes de la naturaleza nos tratan a todos de igual manera. No hacen excepción con la gente útil, buena, amable o simpática. Si un hombre entra en una casa habitada por una persona que padece una enfermedad infecciosa, corre el riesgo de contagiarse. No importa el motivo por el cual se encuentra en esa casa.

Una bala no tiene conciencia, tampoco un tumor maligno o un automóvil que pierde el control. Este es el motivo por el cual la gente buena y todo el mundo, sin exclusión, enfermamos, sufrimos  y morimos sin discriminación.


María Guerrero, psicoterauta

domingo, 15 de diciembre de 2013

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Ellos son la razón principal de vivir, la alegría de la huerta.


Niños

Un día de este pasado verano me llamó la atención una pareja joven porque mis hijos estaban tirando petardos en la plaza del pueblo a las 10 de la noche. Les molestaba. Bien, lo entiendo, es un ruido que asusta aunque a los pequeños les agrade. Pero no me gustó el tono en el que me lo recriminaron porque vino con la frase añadida de ‘menuda educación’. Sobraba, la verdad. Pero eso me dio pie a contraatacar (la venganza está muy dentro de nosotros aunque no lo queramos reconocer) y les recriminé a ellos que no sujetaran al perro que tenían porque me había ladrado a los pies y también eso me resultaba molesto a mí. Fui cruel al preguntarles ¿A que vosotros no tenéis hijos? Efectivamente, no los tenían, tenían perro, sino quizá hubieran entendido esa necesidad innata que tienen estos chavales de chinchar, correr, gritar, gastar bromas (quién no llamó a una puerta y corrió a esconderse), burlarse… Claro que hay que ponerles límites a los menores, pero aquí no quiero hablar de la educación, sino de niños, de hijos. Desde bien joven tuve como meta formar una familia y tener hijos. Lo tenía claro. Lo consideraba como ley de vida. Mis padres me habían engendrado y era lo menos que podía hacer yo, crear vida también. He tenido dos hijos y, la verdad, me hubiera gustado tener más de no haber sido por las circunstancias económicas y personales que no lo aconsejaban. Es una experiencia tan enriquecedora… Lo que se aprende cada día, lo que te enseñan.
No puedo por menos que sentir lástima por las parejas que voluntariamente han decidido no tener hijos. Y tengo varias en mi entorno. Quienes no pueden biológicamente tenerlos es distinto. También queda el bello gesto de adoptar, a pesar de las trabas que pone esta sociedad a la adopción. “Anda, con la guerra que dan, con lo bien que se vive sin niños”. Me parece el colmo del egoísmo. Quienes no tienen hijos por voluntad propia son también cobardes por no querer enfrentarse a la tarea más importante de esta vida, criar y educar a unos seres que te llenan completamente como persona. Tarea nada fácil, a la que nadie te enseña, pero ¿acaso alguien dijo que fuera fácil vivir? Y muchos de esos padres potencialmente vacíos vienen de una familia numerosa, donde alaban a padres y hermanos. Entonces, ¿qué les ocurre? No lo entiendo, perdónenme. Desde que entré a la escuela se me quedó grabado esa afirmación que dice que los animales (no olvidemos que somos animales y en muchos momentos muy muy animales) nacen, crecen, se reproducen y mueren. Bueno, pues hay de quien se salta la tercera fase haciendo alusión a su libertad. Bien, bueno, pues sigo sin entenderlo. ¿Soy algo rudo? Puede que sí, pero es que ahora mismo no me cambio con nadie que me diga que al no tener niños viajan donde y cuando quieran, duermen a pierna suelta, se levantan los fines de semana a la hora que les dé la gana, pueden dedicar su tiempo libre a cultivar el ocio y las aficiones. Bien, bien, pues ale, a vivir así sin problemas, pero ya llegaremos a viejos, si es que llegamos. Yo, de momento, ya tengo otra ilusión a largo plazo, tener nietos de los que disfrutar como estoy disfrutando de mis hijos. Eso siempre que mis niños no sean de los que ‘pasen’ de tener hijos. Por si acaso, les invitaré a que lean este apunte por si puedo influir en ellos. Estoy aún a tiempo.
Asín sea.

Juan.

sábado, 14 de diciembre de 2013

LA ESCRIBANA DEL REINO

-      Tres palabras para un funeral de honor -

          Andaba yo últimamente un poco descreída de la condición humana cuando ha acaecido la muerte de Nelson Mandela. Muerte que se ha convertido en danza, alegría, homenajes y culto a su figura durante más de una semana. Días intensos de agradecimiento hacia lo que él supuso.

          Hoy existen – al menos públicamente- pocos personajes como Mandela. Su sonrisa, su dignidad y la serenidad que transmitía todo su ser han sido un regalo para la humanidad y un ejemplo de esperanza a seguir para todos. Desde que viera “Invictus”, la película que narra su vida, estas tres características suyas siguen resonando en mi interior.

          Algún famoso ha dicho por la red estos días que el mundo echará de menos a Nelson Mandela. Me ha parecido lo mejor que se puede decir de una persona. Todos lo echaremos de menos, aunque no le conociéramos personalmente. Era (es) un referente para muchos de nosotros en los malos momentos.

          Aquellos que autojustifican su mal carácter o su mal obrar en la terrible historia de su pasado, que miren la vida de este hombre y su permanente sonrisa. Aquellos que se hunden porque las cosas les van torcidas, que cuenten los momentos que suman treinta años de prisión injustificada en la vida de un ser humano y que miren a los ojos de los demás con la serenidad que él miraba. Aquellos que, desesperados, no encuentran agarraderos, que observen la dignidad personal de quien se sabe dueño de sí mismo y sabe esperar.

          Está claro, por lo que estamos viendo estos días, que nuestro mundo necesita hombres así. Personas que, incluso muertas, invitan a la reconciliación y a la alegría, a la esperanza y al amor. Que son capaces de aglutinar a los máximos mandatarios del Planeta en un funeral de honor. Que nos hacen de nuevo creer en la vida y en el ser humano. 
     
          Sonrisa, serenidad, dignidad. Estas tres palabras son Mandela para mí. El hombre que murió el 5 de diciembre de 2013 y que vivirá siempre en la memoria colectiva.


                                                                   M.E.Valbuena

viernes, 13 de diciembre de 2013

¿INVITACIÓN?


¿Qué te dice esta frase?
 Alguien muy hábil ha querido quedar bien con las palabras.
Pero, la frase entera denota tristeza y aislamiento.
No quiero que vengas, no quiera saber de ti.
Manipulo la amistad.
Estás invitado, pero no digo cuando: ¿ayer, mañana?
Se nos puede pasar al vida sin un gesto de cariño, sin un abrazo, sin una mirada tierna...
Y así ocurre. Que vamos corriendo para no tener que invitar. ¿Por qué? ¿Qué nos van a descubrir?
La persona que se siente valiosa, invita, concreta, fija una fecha para verse con los amigos. Ni es ayer ni es mañana. Es hoy.

La redacción del blog

jueves, 12 de diciembre de 2013

ASÍ VIVÍ ESTE GRUPO



Grupo Desarrollo Personal  Inteligencia Emocional

..........asistí, porque el coordinador tuvo piedad de mí. ¡Qué chico más majo!

Todos los martes a las 19,20 horas, del  23 de Septiembre al  26 de Noviembre del presente año,  se ha desarrollado  el G. D. P. Inteligencia Emocional, en total han sido 10 sesiones, y cada una  con  una duración aproximada de dos horas. Tomando parte en el mismo ocho personas.

 
Me incorporé en la 2ª sesión, porque al hacer un repaso de las  actividades que iba a realizar a partir de octubre, mi interior  se entristeció, y me pregunte: ¿por qué será?, ¿qué pérdida es la que me está indicando que puedo sufrir? En base a todo lo que   escribí,  descubrí, que lo que yo quería era asistir a un Grupo o Taller del Teléfono. Pero ahora venia la 2ª parte: que el  grupo o taller  no lo hubiera hecho, que fuera martes, y que el coordinador/a me pudiera admitir: ¡casi nada! Pero todo se dio a mi favor, y por tal motivo mi sentimiento de tristeza paso a ser de alegría.
 
Como en otros cursos, grupos y talleres que he realizado, fui a la sesión  con mucho entusiasmo, pues sabía que me iba a ser muy satisfactoria; al igual que la acogida tanto por parte del coordinador como de las compañeras.

 Esta 2ª sesión para mí ya fue una gran enseñanza, explicando al detalle sobre el Coeficiente Intelectual y el Coeficiente Emocional, que ambos tienen que ir a la par. Es decir,  una persona puede ser muy inteligente, pero si no dispone de un Coeficiente Emocional, ella no es consciente de sus sentimientos, ni de los sentimientos de los demás, y  no va a  saber desenvolverse en la vida, ni enfrentarse a las dificultades, que se le presenten y va a ir de mal en peor.
 

 
Partiendo de lo expuesto, hay que tener en cuenta, que para poder relacionarnos y enfrentarnos a resolver todo los problemas que se presenten en nuestra vida, debemos tener un buen COEFICIENTE EMOCIONAL, y tratar de ir mejorándolo porque  sólo depende de nosotros, y para  conseguirlo tenemos que basarnos en los elementos principales de la Inteligencia Emocional.  A continuación voy a exponer una pequeña síntesis, porque cada uno de ellos fue un tema de estudio de las diferentes sesiones:

a).-El conocimiento de uno mismo. Sólo quien sabe POR QUÉ se siente y CÓMO se siente puede manejar sus emociones, moderarlas, y ordenarlas de manera consciente y constructiva para sí mismo.

b).- Saber reconocer y manejar las propias emociones, y aceptar lo que descubrimos dentro de nosotros aunque no nos guste, porque sino podemos llegar a  bloquearlas (pudiendo hasta enfermar físicamente), y es signo inclusive de la no aceptación de nosotros mismos.

c).- La conciencia activa que es traduciendo los sentimientos en acción, y escuchar las sensaciones físicas que percibimos en cualquier parte de  nuestro cuerpo.

d).- La empatía, ponernos en el lugar de los demás e identificarnos plenamente con sus sentimientos.

Como colofón de los temas de estudio han sido: "La inteligencia emocional en el amor", y "La inteligencia emocional en la Familia", que no voy a explicar nada sobre ellos porque me extendería mucho.


 
A DESTACAR PARA MI:

El control de uno mismo no procede del control de nuestros sentimientos, sino primeramente hay que "VIVIRLOS" y "SENTIRLOS" y para ello es conveniente que sepamos: "CAPTARLOS", "LEERLOS" y "ACEPTARLOS" y como final del proceso "ENCAUZARLOS".
MIS AGRADECIMIENTOS:

- A Herminio (coordinador): por su cercanía, su escucha. Realizando las explicaciones de los temas con  claridad,  al igual que los objetivos, y en determinados momentos expresando su gran sentido del humor.

- A mis compañeras, con las que se ha formado  ya una  amistad: Tere, Camino, Mª Ángeles, Sandra, Verónica, Candela y Mariaje, y  por  las vivencias que han transmitido que han supuesto enseñanzas para mí. Además de su respeto, escucha etc.. en mis exposiciones.

- Y nunca puedo olvidarme de Mercedes (fundadora del T. de la E. en León), que con esto queda  todo dicho.


 
ULTIMA SESIÓN Y DESPEDIDA, COMO SIEMPRE CON UNA SUCULENTA CENA:
 
En la terminación de este G.D.P. Inteligencia Emocional, tuve muchas emociones muy agradables;  tanto por parte del  coordinador, como de las compañeras, pero también tuve mi interior triste, al no poder asistir Mariaje porque hacía dos días había fallecido un hermano. Desde aquí quiero tener este recuerdo especial hacia ella, enviándola un efusivo y cariñoso abrazo.


Marian, una participante del Grupo
 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

EL RINCON DEL PSIQUIATRA



La fábula del puercoespin


Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los puercoespín dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se  abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro. De esta forma pudieron sobrevivir.

Así, pues, en la relación con los demás podemos “pecar” de dos maneras:  porque  nos aproximamos tanto al otro que prácticamente nos fusionamos con él, o porque nos alejamos tanto que vivimos como si estuviéramos solos. En el primer caso, a la larga se produce gran malestar y sufrimiento, pues la proximidad ahoga. Es lo que ocurre en los “vinculos dependientes” donde no se respetan los límites, por ejemplo, de los padres ni de los hijos. En el segundo supuesto, el malestar se produce por la lejanía afectiva y emocional que provoca el aislamiento del sujeto. Se teme tanto que el “otro” me haga daño que se provoca un distanciamiento defensivo, que a la larga también es dañino, para ambos.

La moraleja de esta historia es simple: la mejor relación no es aquella que se produce una fusión con el otro, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades, y a mantener una “distancia amorosa”. De esta forma, tenemos en cuenta las “espinas” propias y ajenas (las deficiencias de los demás y nuestros propios límites). Así, las familias que mejor funcionan son aquellas que saben mantener una distancia equidistante de los demás: ni demasiado cerca (para no pincharse), ni demasiado lejos (que no produzcan calor unos con otros). Fue lo que hicieron los puercoespín y por esto sobrevivieron.


Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

martes, 10 de diciembre de 2013

LA SULTANITA ALEGRE DE LOS OJOS TRISTES



La pequeña sultanita nació en las casitas de hadas de la linda Capadocia en una noche linda en amores. Desde muy niña fue risueña, más aún alegre, dicharachera y atrevida. Tenía el interés de las personas curiosas por encontrar todas las respuestas. Le gustaba indagar, visitar lugares exóticos y vestirse con los colores vivos de la mismísima mezquita azul de Estanbul. Su estancia preferida era sentarse en alguna de las terrazas que dan vista al mar desde el palacio de Topkapi y soñar y volar.

Su papá, el gran sultán, estaba frecuentemente entretenido entre los muchos quehaceres del gobierno, hasta que siendo apenas una niña, una espada inesperada y maldita le arrastró al  reino de los nunca regresan. La pequeña lloró su ausencia y su vacío jamás fue reemplazado. En torno a esos días, la tristeza discreta se asentó en su cofre de sueños y en la butaca gris de su habitación. Ahí no le importaba llorar, sabiéndose no expiada ni compadecida.

La necesidad del país urgía casar a la pequeña sultanita. La mamá se dedicó por completo a tan grande menester, dando el visto bueno o erosionando el buen fin de los distintos pretendientes. Un jefe valiente y algo tosco resultó ser el elegido. Aquel guerrero a los pocos días de las bodas solemnes se trasformó en un lobo hambriento y feroz. La pequeña sultanita se enrocó en los manjares de la dulce cocina y empezó a engordar hasta conseguir deformarse en los primeros años de su juventud. El hombre se puso furioso y el infierno los visitó a los dos, hasta que el adiós que se hizo inevitable. La prisa no suele resultar buena consejera.

Ella lentamente recuperó la sonrisa abierta y amplia, pero su corazón navegaba en soledad, angustia y tristeza, disimuladas a través de los finos colores  de tierra que le gustaba poner en su cara y en sus ojos. A través de las gargantillas de perlas preciosas que adornaban su cuello conseguía disimular la pena negra de su alma.

Así pasaron unos cuantos años y la sultanita no encontraba el amor que la hiciera vivir en cálida compañía.

Ningún hombre consideraba de fiar. Todos parecían jugar con ella y ella detrás de su juegos veía asomarse sus mezquindades y sus mentiras. Mejor sola que con un farsante. Engañó su propia pena volcándose en los entresijos del reino, en su administración y en las recepciones oficiales de las gentes que venían de lejos, donde destacaba por sus delicadezas, bromas, canciones de amoríos y un rosario largo de ocurrencias, de atenciones. Los que la conocieron decían que tenía la belleza interna de las mariposas en busca de nuevos panales de miel, aunque ella se sentía dolorida e insatisfecha. Cuando algo no le gustaba no se enfrascaba en largas discusiones o en gritos desordenados, simplemente se iba a sus aposentos a digerir y enmascarar la contrariedad.

En aquellos días pasaba por la ciudad el maestro sufí Melavna y decidió discretamente visitarlo.

-Tengo todo a mi alcance y me falta lo que no puedo comprar, lo más importante, el amor soñado y cantado por la gente de bien. ¿Qué me pasa, Maestro?.
-Veo en tus ojos ansiedad. No lo busques y llegará a ti.
-¿Cómo se hace eso?
-Amándote.
-¿Así de fácil?
-Y así de difícil. La mujer que se ama a si misma sólo se siente atraída por hombres honestos que se aman a si mismos y aman al resto de los humanos. No hay nada más que hacer.
-¿Y si no llega?
-Llegará. Los derviches girando y girando sobre si mismos no sólo no se marean sino que alcanzan la iluminación y la sabiduría que está en el centro de ellos mismos, de cuanto existe, donde siempre ha estado. Necesitan paciencia y esmero.
-¿Cómo sabré que esto es así? Necesito una señal.
-Te comportas con desconfianza, pero bueno.., te la daré. Viaja hasta el sur, la ciudad que ha crecido junto al desierto, Adana. Si cuando llegues oyes cantar a las ranas, entonces sabrás que lo que te digo es verdad. Conviene que pares, frenes tu loca vida, tus deseos y mires y contemples la vida a tu alrededor. No te canses de visitar el balcón de tu interior y allí permanece largo tiempo sentada. Sin esperar nada. La gran sabiduría está en el silencio del alma.

La sultanita regresó a su palacio extrañada y confundida. Fue el malestar el que la llevó a emprender un largo camino hacia el sur, más allá de Efeso, Mileto y Dídima. Poco antes de Antioquia y Tarso.  Aprendió a mirar a la tristeza a la cara y a atender las demandas de su corazón. Cada día salía al mirador de su alma y se regocijaba en tan grandes vistas, más hermosas y limpias que las aguas del Bósforo o del mar de Mármara. Se amistó con sus propios errores y dedicó largas jornadas a cavar sin desmayo en su propia sabiduría, despidiéndose del saltamontes que acampaba en su juguetona cabeza.

Fue al anochecer cuando llegó a Adana. En el centro de la noche bien cerrada escuchó el croar de las ranas y lloró de emoción al evocar las palabras luminosas de Melavna.

Cuenta la historia que un hombre bueno y feliz llamó a su puerta en una tarde apacible de primavera y que ella, la sultanita alegre de los ojos tristes, lo saludó desde su ventana abierta. Decidió abandonar el reino y dedicarse por completo a las demandas sabrosas del amor, el espíritu, la compasión y sus bondades. Algunas personas mayores dicen que no es nada infrecuente verla bañarse, en las noches de luna llena, en las terrazas de agua dulce de Pamukale y que el cauce que riega y hace lagunas blancas en el lugar son los recuerdos de su antigua tristeza, en forma de lágrimas caudalosas.

Valentín Turrado
(Este es un recuerdo agradecido y cariñoso a quien estando lejos está cerca)