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martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUE CUANTOS AÑOS TENGO?

"me quito el sombrero", taller de reciclaje con Toñín 


¿Que cuántos años tengo?
¡Qué importa eso !
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que      pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido...
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos

¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso!... ¿A quién le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!!.
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!


Saramago

lunes, 18 de noviembre de 2013

ENTREVISTA A CLAUDIO NARANJO




- Últimamente, en varias entrevistas, usted habla mucho de la educación y de la crisis en la que se encuentra el sistema de enseñanza en todo el mundo.
- El mundo está en una crisis global, y yo creo que la educación es en parte responsable, porque se educa para que las personas sean como son. Y que las personas sean como son constituye el problema del mundo más que las políticas. Así todo está en crisis, la política, la economía, pero yo creo que es el factor humano lo que está por detrás, y lo que no se ha responsabilizado. Se trata de cambiar las cosas sin cambiar a las personas. Y mientras hay una educación que es para perpetuar una manera de ser no vamos a tener evolución social, creo yo.

- ¿Y cómo cambiar el sistema de educación?
- Habría que interesar suficientemente a los educadores y a los que dictan las políticas educacionales. Los educadores han seguido muy servilmente a los programas, muy automáticamente, diría yo, con poco fuego creador. Se supone que son personas creativas, pero en la práctica tienden a formar autómatas. Y la profesión de educador es muy parecida a la actividad de una madre.

- Pero si se robotizan, ya no son como las madres...
- Las madres modernas también se robotizan, porque entran en un sistema muy patriarcado. Yo pienso que la naturaleza patriarcal de la sociedad es el problema principal y que es una hipertrofia de la mente científica que eclipsa la mente emocional. Lo que hace una madre, lo que hace un educador debería ser de naturaleza emocional, de ser empático, de ser para el otro. Cuando no está eso, ya no se educa para la felicidad de la persona, y la felicidad de las personas hace que se pueda tener una sociedad feliz también.

- Qué bien que no ha perdido ese sentido de querer saber más.
- Sí, eso me sostiene. Tengo un programa que he elaborado a través de los años. Es la síntesis de prácticamente todo de lo que a mí me ha servido y que he aprendido. Mi manera surgió antes de que yo pensara en la educación. Fui un buscador muy intenso en mi juventud, lo que más me interesó siempre estuvo más allá de las distintas cosas que estudié. Pero más que nada buscaba yo algo para una sed interior que ni siquiera sabía definir. Y en esa búsqueda recurrí a elementos del mundo terapéutico, a сosas novedosas, a maestros espirituales. Tuve una gran inspiración, y con esa fuerza me puse a enseñar. Se formó un grupo, pero se formó no porque yo pretendiera a hacerlo así, sino porque mi madre, que siempre era una madre controladora y muy crítica, quedó muy impresionada al ver mi cambio. Y quiso ya aprender de mí. Y así surgió mi trabajo.

- ¿Su madre participó en ese grupo? ¿Ha sido alumna suya?
- Fue el estímulo para que yo lo formara ese grupo. Tuve el privilegio de cambiar a mi madre. Yo creo que todos tenemos ese sueño de poder cambiar a nuestros padres. A mí se me dio ese regalo.

- ¿La ha cambiado?
- Sí. Su vida cambió profundamente y estuvo siempre muy agradecida. Cambiaron sus amistades, sus amigos fueron las personas de ese grupo.

- ¿Cuántos años tenía ella?
- Tenía 60 y tantos. Cerca de los 80 tuvo algunas dificultades con su marido, que la reclamaba que estaba muy metida en estas cosas, y le amenazó con separación.

- ¿Pero no se separaron?
- No, no. Bueno, entonces yo de allí empecé con un grupo muy íntimo de amigos de mi madre, de colegas míos, personas que se habían formado conmigo en terapia Gestalt. Inventé muchos ejercicios psicológicos y tomé prestados otros, como la meditación budista o la práctica indonesia de abandono de sí, de dejar fluir. Ahora los bailarines han adoptado eso en algunas partes del mundo, el movimiento auténtico lo llaman, como una manera de recuperar la espontaneidad infantil perdida, liberarse de los automatismos sociales. Y también incluí el sistema de tipos psicológicos que se asocia al nombre de eneagrama.

- ¿Y en qué consiste?
- Es un sistema de 27 tipos psicológicos. De cada uno de los nueve tipos hay tres. Y los nueve eneatipos corresponden un poco a los famosos pecados capitales del cristianismo –la envidia, el orgullo– cosas que son muy conocidas para cualquiera que vive en este mundo.

- Pues porque son la base de una persona.
- O la base de los problemas que tiene una persona y la sociedad también. La cobardía, la vanidad también están entre esos nueve grandes profactores destructivos de emociones negativas.

- ¿Y cómo influye eso en la vida de una persona?
- Es como si cada persona tiene una forma de solucionar los problemas de la vida. Como, por ejemplo, un tipo de niño para conseguir lo que quiere, patea de rabia. Otro llora, otro niño se resigna, otro quiere hacer las cosas bien para recibir lo que quiere. Cada persona tiene su estilo. Entonces claro, si tuviéramos todos los pecados al mismo tiempo, eso sería como no tener ninguno porque seríamos libres de elegir la conducta que más conviene en la situación.

- ¿Cómo una persona puede entender qué pecado, qué tipo le domina?
- Es difícil conocerse a sí mismo suficientemente bien. Se necesita un poco de ayuda por personas que saben reconocerlo.

-¿Ha logrado usted conocerse a sí mismo, entender a sí mismo?
- Yo diría que ya hace bastante tiempo que no busco conocerme más, sino que busco desprenderme de los efectos que ya me conozco. No puedo decir que he llegado al fin del camino, pero sí que he llegado a un tiempo de fructificación, a una plenitud interior, a un estado de felicidad, a un sentirme que mi vida vale la pena, estoy haciendo algo que tiene sentido, y sobre todo las cosas las hago cada vez mejor.

- ¿Cual es el secreto de la vida?
- El secreto de la vida es vivir. No hay secreto de la vida. El sentido de la vida está en la vida misma. Cuando buscamos el sentido es porque no estamos viviendo. Porque en cierto modo estamos robotizados, o vivimos con una pequeña parte de nosotros mismos. Hoy en día se reconoce que tenemos tres cerebros: el intelectual, el emocional y el intuitivo. Pero tratamos de vivir desde la cabeza como si allí hubiera una cabina de control dentro de nosotros que se ha apoderado del cuerpo en lugar de entregarle el cuerpo a ese animal interior que es mucho más sabio.

- ¿Y cómo despertar a ese animal interior?
- A través del autoconocimiento. El primer remedio es estarse en la ocasión de tomar contacto con sí mismo de cómo estoy. Hay una práctica que es que con cada respiración preguntarse cómo estoy, qué siento, qué es esto. La conciencia del presente. No solo la conciencia de las cosas, de las palabras, sino la conciencia emocional del presente. Y corporal también, porque van juntas. Desde la sensación corporal aparece ya posiblemente la voz del niño interior descontento que pide esto o que pide aquello. Y uno puede empezar a darle un poco más de lo que pide.

- ¿La sensación corporal, eso qué quiere decir? ¿Hacer algunos ejercicios especiales?
- Más el silencio de la meditación, el silencio de la atención hacia dentro, en el no movimiento que permite más que el movimiento, porque el movimiento ya es un hacer que nos saca de nosotros mismos. La incapacidad de estar quieto, solo, hace que nos metamos unos con otros, nos metamos en la vida de otros, empezamos a juzgar, a condenar y nos llenamos de deseos inútiles. Así que es muy purificador el no hacer nada y solamente estar. Se adquiere el sentido de la existencia a través del silencio, del no hacer. Es como que lo único que puede llenarle a uno y que es una respuesta al secreto de la vida, al sentido de la vida: el sentir que uno existe.


         Entrevista realizada por RIA Novosti, 21-10-2013

domingo, 17 de noviembre de 2013

SALIMOS DE LA CIUDAD


Después de 6 años consolidando el Teléfono de la Esperanzaen León, hemos salido de la ciudad dirigiéndonos a otras poblaciones de la provincia. Durante estos años hemos dado charlas en diferentes pueblos para dar a conocer nuestra labor y animar a la gente a que nos visitara, nos llamara, se encontrara con nosotros. 

Hemos dado un nuevo paso. Nosotros hemos ido a encontrarnos con tanta gente que le ese difícil acudir a la ciudad. 

Por eso, hemos empezado a formar grupos de autoayuda en las propias localidades. Somos los voluntarios los que acudimos a sus lugares, a sus pueblos, a sus villas. Llevamos tres sesiones de autoestima en Cistierna, son unas 13 personas y la acogida ha sido increíble. Ya estamos pensando realizar el Curso de “Piensa bien para sentirte mejor”. Todo se andará.

Estamos ilusionados con este nuevo proyecto. Queremos que sean muchos los pueblos que se beneficien del Teléfono. Ya hemos visitado Boñar. La respuesta fue muy positiva. Queremos empezar allí con nuevos grupos. El Teléfono no puede detenerse. Allí donde hay una necesidad de querese, de valorarse, de saberse valioso. Allí estará el Teléfono. No es solo para unos pocos, está abierto a todos.

Como dice Mercedes, el Teléfono de Esperanza en un regalo para nuestra sociedad leonesa, y queremos que este precioso regalo llegue a todos los puntos y gentes de esta tierra.

Las fotos que veis  son de la charla del 7 de noviembre en Boñar.


Esther

sábado, 16 de noviembre de 2013

LA ESCRIBANA DEL REINO

"Brillos", fotografía Jesús Aguado

-      Dorar la píldora –

         En esta sociedad que nos ha tocado vivir, y que entre todos logramos mantener, se lleva mucho la insana costumbre de “dorar la píldora” cuando queremos alcanzar objetivos que, de algún modo, son un poco inalcanzables por nuestros propios medios.

         Me explico:

         Si queremos que alguien haga por nosotros un trabajo determinado, un esfuerzo a mayores o, simplemente, poner la cara ante un tema conflictivo, nos resulta muy recurrente la adulación. Así, en lugar de pedírselo directamente, ensalzamos sus virtudes y competencias (a ser posible delante de otros) para, posteriormente, colocarle el encargo.

         ¡Qué fácil la adulación! ¡Qué manera tan simple de escurrir el bulto para aquél que la utiliza! ¡Qué sencilla manipulación emocional para conseguir buenos resultados!
         Lo triste de esto es que funciona. Bastante bien, además.

         Cuando nos adulan, nuestro ego engorda sobremanera, se crece y se ve capaz de llevar a cabo grandes gestas. Salimos a batallar impregnados de una aureola de éxito y autoconfianza y no reparamos en esfuerzos. Tampoco nos detenemos a pensar si esa guerra es nuestra o no.

         ¡Qué fácil dejarse llevar por la adulación! ¡Qué bien se siente nuestro ego entre tanto halago y reconocimiento! ¡Cómo ciegan los reflejos dorados, aunque no provengan del sol!

         Visto desde fuera parece un sainete. Analizándolo, pierde toda la gracia.

                                                                          
M.E.Valbuena

jueves, 14 de noviembre de 2013

HOY 15 DE NOVIEMBRE ES EL DÍA DE LA ESCUCHA

También debemos aprender a escuchar la llama de tu corazón

Escucha bien

Hoy, 15 de noviembre, es el día de la ESCUCHA y para El Teléfono de la Esperanza escuchar es la mayor de las misiones que tiene encomendada esta organización altruista, desinteresada y aconfesional que a muchos de nosotros nos tiene atrapados en un rincón importante de nuestro corazón con un compromiso fuerte.
Cualquier psicólogo podría dar aquí buenos consejos sobre cómo escuchar adecuadamente, el tema daría para un curso de varias sesiones, pero los días 15 me los tienen reservado estos del blog y la casualidad ha querido que me toque hoy hablar del tema. Por eso, ESCUCHA bien lo que te cuento:
Uno de los principios más importantes y difíciles de toda comunicación es saber escuchar. La falta de comunicación que se sufre hoy día en esta sociedad rasgada y de locos se debe en gran parte a que no se sabe escuchar a los demás. Damos mucha importancia a lo nuestro, a nuestros mensajes, nos volvemos egoístas sin importarnos demasiado los demás, sin tener en cuenta que existe una necesidad imperiosa de echar fuera la carga pesada, de soltar presiones para que no explote la bombona de nuestra mente. Y para que alguien eche fuera sus preocupaciones, sus angustias, es necesario que haya alguien del otro lado de la mesa o del teléfono que recoja, que escuche, que acoja. Escuchar no es algo automático, eso es oír, eso es percibir las vibraciones de los sonidos. Escuchar requiere un esfuerzo mayor que hablar. Pero esa escucha ha de ser activa, hay que hacer un esfuerzo suplementario para interpretar y entender a quien se escucha. A escuchar se aprende escuchando.
La escucha debe ser afectiva. Hemos que escuchar las palabras, pero también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen sobre lo que el otro cuenta. Y para entender a alguien se precisa empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona.
Si tuviéramos que incluir algunos elementos que facilitan esa escucha activa añadiríamos los siguientes:
-Disposición psicológica: prepararse interiormente para escuchar.
-Expresar al otro que le escuchas con comunicación verbal (ya veo, umm, etc.) y no verbal (contacto visual, gestos, postura del cuerpo, etc.).
-No distraerse, porque es fácil perder la atención en algún momento. Hay que hacer un esfuerzo para que nuestra atención no decaiga.
-No debemos interrumpir al que habla.
-No juzgar.
-No ofrecer ayuda o soluciones prematuras (y menos antes de que acabe el otro de hablar) porque quien habla seguro que no está aún preparado para recibir mensajes por muy sencillos y ‘salvadores’ que nos puedan parecer.
-No rechazar lo que el otro esté sintiendo, por ejemplo, nunca decir eso de: “No te preocupes, eso no es nada”.
-No contar “tu historia” o decirle que tú también te sientes mal, recuerda que es el otro quien necesita hablarte; tú debes simplemente escuchar.
A modo de resumen diré que creo que quien escucha aprende y de paso se sana tanto o más que el que habla. Para vivir hace falta beber, comer, respirar… y comunicarse con los demás,… y con la madre naturaleza. Y si te da reparo hablar y/o escuchar, piensa que todos necesitamos de todos, no sólo de los más cercanos, a veces los menos conocidos son las personas ideales para manifestarles nuestras inquietudes/preocupaciones y más para escuchar sus quejas o pareceres. Todo el mundo tiene su lección para ofrecerte, de ti depende que la sepas recibir o la dejes pasar. La cantidad de cosas que se aprenden de lo que te cuentan los demás; lo bien que viene comprobar que lo que te preocupa a ti son nimiedades comparado con lo que le ocurre y les pasa por la cabeza a tus semejantes. Escucha y escucha bien, que merece la pena. Y mucho. Feliz día de la escucha.
Asin sea.
Juan.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

REBELDÍA


Crearse un mundo a la medida con una mirada nueva puede aplicarse a todos los órdenes de la vida

Manuel Vicent

Un ciudadano debe considerarse amortizado, descatalogado o realmente muerto cuando ya no se sorprende de nada y admite de antemano que las cosas son como son y nada se puede hacer para cambiarlas. Un ciudadano seguirá siendo joven a cualquier edad mientras contemple con la virginidad en los ojos la vida a su alrededor como si fuera un milagro que se renueva a su antojo todos los días. Marcel Duchamps revolucionó la creatividad moderna al descubrir que cualquier objeto puede convertirse en una obra de arte por el hecho de cambiarlo de lugar y contemplarlo fuera de contexto bajo una mirada estética, desprovista de prejuicios e hizo la prueba exhibiendo un urinario en un museo en medio de otras esculturas. Los espectadores olvidaron la utilidad de ese recipiente y solo admiraron la belleza de sus formas sin relacionarlas con la propia vejiga. En ese momento quedó instituido un principio revolucionario: no es el artista quien crea el arte; el verdadero creador es quien lo contempla. A partir de esa teoría ya vale todo. En cualquier basurero se hallan las mismas luces exquisitas que despide un cuadro de Matisse; el hierro de un garrote vil iluminado con luz cenital en el podio de una galería puede pasar por una escultura de Chillida o de Julio González; una pared sucia es un Tàpies si uno decide que así sea. Crearse un mundo a la medida con una mirada nueva puede aplicarse a todos los órdenes de la vida. Esta actitud te obligará a ver a las personas como actores de un teatro que intercambian los papeles en cada acto y en escena se moverán jueces asesinos, cardenales ateos, banqueros ácratas, políticos que croan como las ranas. Un ciudadano puede considerarse descatalogado o muerto cuando decide que es mejor encogerse de hombros, agachar la cabeza y aceptar la injusticia y la corrupción como un destino del rebaño. En el fondo la teoría estética de Duchamp es también una forma de rebeldía moral. El conformista siente que no se puede hacer nada ante la crisis y asume las promesas falaces del Gobierno como un bálsamo; en cambio, el artista rebelde verá el poder político y económico como una charca de cocodrilos a la que debe desafiar con coraje. La belleza está en la mirada; la justicia en el ánimo; el resto es el milagro de estar vivo.


Fuente: El país