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miércoles, 4 de junio de 2014

ANTE LA DIFICULTAD


Huimos de la dificultades
nos disgustan, nos dan miedo
estamos temerosos ante ellas.
Pero ellas están ahí,
y vendrán y volverán.
Aceptarlas e integrarlas,
convivir con ellas,
es la manera de superarlas.
Y solo así la vida
la iremos llenando y completando.  

martes, 3 de junio de 2014

PARÁBOLA DE LA CUERDA Y EL RÍO




Había una vez dos países. En uno corría la leche y la miel y el otro era árido, desgarrado por luchas y entristecido por inquietudes. Así pues, al primero le llamaban el país de la felicidad y al segundo el país de la desgracia. Estaban separados por un caudaloso río, ancho y peligroso. Muchos se ahogaron tratando de cruzarlo.
Un día vino un hombre que, por amor a la humanidad, dijo: "En verdad, voy a tratar de echar una cuerda que una las dos orillas del río y, si perezco en el intento, poco importa, ya que otros podrán agarrarse a la cuerda y atravesar el río con toda seguridad".
Este hombre ejecutó su proyecto; se preparó una cuerda, fijó un extremo a un árbol e hizo un nudo corredizo al otro extremo. Y así entró en el río en medio de la corriente, luchando contra los remolinos.
En medio de los remolinos y de la espuma, unos cazadores le lanzaron unas flechas y lo hirieron de muerte, tomándolo por un animal.
En un último esfuerzo, antes de hundirse, logró atar la cuerda alrededor del tronco de un árbol. Perdió la vida, pero realizó su proyecto a pesar de la insensatez de los cazadores.
A partir de ese instante, los que fueron testigos del acontecimiento consideraron que este hombre había sido un héroe y lo adoraron diciendo: "Murió por salvarnos, es digno de nuestro amor".
Todos le rindieron culto, pero muy pocos siguieron su ejemplo tratando de cruzar el río. Ellos pensaban: no nos ahogaremos si nos agarramos a la cuerda, pero el agua está tan fría y el río es tan caudaloso que el peligro de atravesarlo siempre es grande.
Y así, al cabo del tiempo, se olvidaron de la cuerda casi por completo. Como no se utilizaba, se fue cubriendo de algas y se le enredaron las ramas, hasta tal punto que no había ya forma de encontrarla.
Pero el culto al héroe perduró. El pueblo levantó monumentos en su memoria, cantó himnos en su honor y continuó dedicándole oraciones en recuerdo del gran amor que les había demostrado.
Después vino una segunda, una tercera y una cuarta generación. Doctores, oradores y sabios predicaron las virtudes del héroe y dijeron cómo con su muerte había salvado a los hombres; pero nunca más se volvió a hablar de la cuerda que se tendió por encima del río. Se habían olvidado de ella totalmente. Los argumentos, los discursos y las enseñanzas de los letrados acabaron por crear una enorme confusión. Cundieron las supersticiones y fueron muy pocos los que pudieron distinguir el error de la verdad.
Surgieron discusiones y pleitos. Se organizaron persecuciones contra los que conservaban aún vestigios de la verdad. La pena y la inquietud aumentaron en el país de la desgracia.
Por fin, un grupo de oradores declaró: "¿Por qué tanta disputa? Lo único que hay que hacer es adorar a nuestro héroe como un dios y creer que murió para salvarnos a todos. Y así, cuando muramos, entraremos sin ninguna dificultad en el país de la felicidad. Si nuestro cuerpo nos impide ahora atravesar el río, después de la muerte nuestra alma volará hacia la otra orilla. El amor, el poder, la valentía del héroe eran tan grandes que todo lo que pidamos a su espíritu nos será concedido; y, a cambio, nosotros le demostraremos cumplidamente nuestro amor".
Cuando el pueblo oyó esto, sintió una inmensa alegría y cubrió de honores a los oradores diciendo: "Grande es su sabiduría, porque nos han mostrado un camino fácil. Es muy sencillo adorar, rezar y recurrir a nuestro héroe para obtener nuestra salvación en el momento de nuestra muerte. Así pues, ahora comamos, bebamos, divirtámonos y saquemos el mejor partido de nuestra estancia en este país de la desgracia".
Mientras tanto, el espíritu de este héroe contemplaba con tristeza a sus hermanos, escuchando sus oraciones y sus súplicas. Él trataba de ayudarles diciendo: "Hijos míos, en verdad estáis equivocados. He vivido para salvaros. Mi muerte no es más que un episodio del esfuerzo que he realizado. No puedo en ningún caso ser la causa de vuestra salvación. Desgraciadamente, habéis olvidado la cuerda que lancé por encima del río entre el país de la desgracia y el de la felicidad y vine únicamente para eso. Por amor hacia vosotros, mi espíritu se encuentra presente para reconfortaros y animaros en la adversidad; pero me es totalmente imposible transportaros al otro lado del río cualesquiera que sean vuestras oraciones y súplicas".
Pero el rumor de esas oraciones y súplicas eran tan grandes que no dejaban oír la voz de su espíritu. Así pues, se quedaron para siempre en el país de la desgracia.



Cyril SCOTT, Una visión del Nazareno, Sirio, Málaga 


lunes, 2 de junio de 2014

ACEPTAR LO QUE VENGA

  


La Esencia de la Destreza es esta:

Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que se quede, déjalo estar, lo que se va, déjalo ir.

Quédate callado, y adora al Ser.

Esta es la esencia de vivir hábilmente en la apariencia del mundo.

Durante todas las actividades de la vida recuerda siempre que tú eres el Ser.

La manera de vivir una vida feliz es aceptar cualquier cosa que venga, y lo que no viene, que no te importe.



Papaji

domingo, 1 de junio de 2014

Darme cuenta

El rincón del optimista
Juan
Darme cuenta de que el tiempo pasa inexorablemente
Cada día que pasa me voy dando cuenta de lo importante que es darme cuenta de muchas cosas que me ocurren cada día, cada minuto de mi vida.
-Darme cuenta de que mis hábitos alimenticios no son los adecuados y que existen otras comidas más saludables que se pueden y deben probar.
-Darme cuenta de que hago todo muy deprisa, a la carrera, sin ninguna necesidad, dejándome arrastrar por los demás, por la sociedad, sin tiempo para la reflexión, para conocerme y conocer o atender a los demás.
-Darme cuenta de que algunas compañías no me vienen bien, que no me favorecen, compañías que perjudican.
-Darme cuenta que en esta vida importa ser feliz y para ello no necesito acumular materiales, propiedades, casas, fincas, coches, empresas ni otras ‘riquezas’ de ese estilo.
-Darme cuenta de que estar permanentemente instalado en la queja no sirve de nada.
-Darme cuenta de que necesito dedicar más tiempo a los demás y menos a mí mismo; ser solidario, no egoísta.
-Darme cuenta que es más aprovechable escuchar y escuchar bien que hablar por hablar.
-Darme cuenta lo mal que me hacen drogas como el tabaco y/o el alcohol.
-Darme cuenta de lo dañino que son los pensamientos repetitivos, irracionales, que lo envuelven todo y no me conducen a nada… bueno. -Darme cuenta de lo saludable que es un paseo, solo o en compañía, como alternativa a permanecer sentado en el sofá viendo cualquier programa que echen por la tele como un zombi hipnotizado.
-Darme cuenta de que un buen libro, igual que una buena canción o un concierto, tienen un efecto tan positivo como una charla/conferencia/exposición… todo creado con buenas y sanas intenciones.
-Darme cuenta que en los tropiezos y en las desgracias hay avance y aprendizaje.
-Darme cuenta de que cuando me duele la cabeza, la espalda u otra parte del cuerpo es un síntoma, un aviso de que algo anda mal, que hay que buscar el origen, investigar los motivos (vale igual para sufrimientos del alma) si es que quiero ponerle remedio. -Darme cuenta de que hay un número ilimitado de aspectos que me ocurren cada día sobre los que puedo y debo darme cuenta, para………… PONERME EN ACCIÓN, PONERME MANOS A LA OBRA, cambiar, modificar esos hábitos, iniciar nuevos caminos, cerrar puertas y heridas… para lo que siempre se está a tiempo. Eso es en el caso de que lo desee realmente porque si no quiero cambiar, si quiero seguir anclado en mi dolor, en mi desgracia, en mi lamento… de nada sirve que me dé cuenta de todas esas ataduras que me esclavizan, porque claramente es que VOY A GUSTO ENCIMA DE LA BURRA, no hay vuelta de hoja.
Asín sea.
Juan

sábado, 31 de mayo de 2014

¿Quién para el tiempo?

La Escribana del Reino
M.E. Valbuena

Los ciclos de la luna. Jesús Aguado

A menudo me viene a la memoria aquel vecino que, durante años, estuvo acumulando en su despacho dominicales de los periódicos para leerlos cuando se jubilara, ya que por entonces no tenía mucho tiempo libre y no podía entretenerse en su lectura.

A los pocos meses de jubilarse, un cáncer galopante acabó con su vida, impidiéndole llevar a cabo muchos de sus sueños aplazados. Entre otros, leer los dominicales acumulados.

Cada vez que veía a su viuda bajar al contenedor montones de dominicales se me encogía el corazón. Sentía que la vida había sido un tanto injusta con él. Que no le había dado el descanso soñado tras largos y duros años de trabajo. Que no se merecía tan mala suerte.

Pero hoy, con más años y experiencias a mis espaldas, creo que me equivocaba en mi juicio. Daba por hecho que, dado que tenía ilusión por leer aquellas revistas, debería contar con tiempo para ello. Y no me daba cuenta de que el tiempo no se compra.

El tiempo es casi lo único que no podemos comprar.

Ahora sé que acumular no nos garantiza un minuto más de vida, ni nos asegura un futuro. Sé que cada hora que pasa es insustituible e irrecuperable. Y he comprendido que lo que hagamos con nuestro tiempo es responsabilidad nuestra. Podemos invertirlo en vivir o en dormitar. Ambas opciones son válidas pero desigualmente enriquecedoras.

Hay personas que esto lo saben bien. Otras, aún tratan de aprenderlo.

viernes, 30 de mayo de 2014

jueves, 29 de mayo de 2014

El sentimiento de inferioridad

María Guerrero, psicoterapeuta

Todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida, la sensación de sentirnos inferiores a otras personas o frente a situaciones que no sabíamos como manejar. Sin embargo, en muchas personas se desarrolla un complejo de inferioridad que les incapacita y les convierte en víctimas de sí mismos.

El sentimiento de inferioridad surge cuando uno cree no ser lo que debería.

Ese "deber ser" que nos imponemos tan a menudo, limita nuestra visión de nosotros y de muchas capacidades nuestras, quizá las mejores que se quedan en el tintero porque no encajan en las que consideramos que deberíamos tener. Del mismo modo, no adquirimos la conciencia de nuestros limites y nos embarcamos a veces imposibles, tan solo para comprobar lo que ya creíamos de nosotros "no soy suficiente".

Algunas maneras de manifestación de las personas que se sienten inferiores:

-Aunque parezca contradictorio, buscan llamar la atención hacia sí mismos. Si otro se fija en él, en un primer momento se sienten halagados y satisfechos pero eso dura solo un instante ya que, al ser un pozo sin fondo, inmediatamente se pasó el efecto y necesitan un nuevo halago o reconocimiento que les estimule a seguir.

-En otras ocasiones, buscan desmerecer la imagen de otros para resaltar la suya. Las comparaciones son una constante en la vida de la persona que se desmerece así misma.

-Puede mostrarse autoritaria y exigir atenciones de los demás abusando de su autoridad o de su victimismo.

DE DÓNDE SURGE EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

Los padres pueden ser responsables en contribuir al desarrollo de sentimientos saludables de valía o de inferioridad en los hijos.

Cuando un el niño se siente amado incondicionalmente se siente valioso y desarrolla una autoestima adecuada, que le permite desarrollarse y superar las etapas de su proceso de madurez con el sentimiento íntimo de valía.

Cuando lo que se le muestra es rechazo a quien es o a sus capacidades, cuando la relación padres-hijos se sustenta en demandas excesivas y se mantienen con comportamientos poco respetuosos: castigándoles de manera indebida, descontrolada e injustificable, ridiculizándole delante de otras personas haciéndoles objeto de bromas, no permitiéndoles el derecho a expresar iniciativa propia, la exigencia desmedida, entonces el niño no alcanza su sentimiento íntimo de valía personal y se queda enredado en una especie de vergüenza.

Los fracasos que una persona pueda experimentar siendo joven o adulto, también pueden contribuir a una actitud de inferioridad o al temor a no dar lo mejor de sí mismos. Esto sucede mayormente cuando no pueden atravesar esas experiencias que no fueron satisfactorias y continúan sintiéndose en el presente incompetentes e inseguros, dejándose aprisionar por estos pensamientos negativos.

El complejo de inferioridad se sostiene por el autoconcepto personal, es decir, por la idea que tenemos de nosotros y de nuestras capacidades. Mientras creamos que no somos capaces, repetiremos lo que tenemos programado.

NO TE DEJES ARRASTRAR
SE TÚ
SIENTE
Y VIVE